"Los trabajos de Estévez parecen indagar en torno a la búsqueda, cuando no la reflexión, sobre el equilibrio, una búsqueda que a veces pareciere ser planteada de un modo irónico, pareciere precisamente que mostrando las dificultades de
lograr el equilibrio de las formas.
Ramón Pernas citaba en 2001, con justicia, la danza, al ver sus trabajos escultóricos pues es bien cierto que algunos de los elementos de las esculturas de Estévez tienen algo parecido al danzarín que se erige sobre las puntas, al
aire que mueve los cabellos de quien ejecuta un complicado salto a lo Nijinsky.
Su obra es capaz de combinar un cierto aire volumétrico con la presencia de formas filiformes, que a veces recuerdan un aire a lo Reg Butler, logrando ambos aspectos un acuerdo gracias a la presencia de una inmensa poesía, invadiéndolo todo. Recordando así ese permanente vivir entre extremos en el que se sustancia el arte, también la vida.
En una "batalla entre lo real y lo irreal", escribió Jesús María Castaño, entre paisajes y seres fantásticos, se mueve el mundo de Estévez, emulando a veces una suerte de batalla de San Romano, lanzas de varillas calibradas, erigidas o en vertical o bien oblicuas, batalla de un cibernético Uccello".
Alfonso de la Torre, "Las joyas terribles de Juan Luis Estévez" (fragmento), en el catálogo "Juan Luis Estévez. Esculturas. 2009-2011", Ed. Ámbito Cultural, Madrid, 2011.