Diego Canogar
Me gusta pensar en mí mismo como escultor o un poeta de las formas en vez de las palabras y el metal es el material del que me sirvo para expresarme.
Mis esculturas son como dibujos en tres dimensiones, con trazos rectos y curvos que se desarrollan en el espacio y donde el vacío sustenta las formas.
La luz y la sombra tienen un papel fundamental, dando profundidad, contraste y viveza a las formas insinuadas con varillas y chapas.
Y es que mis piezas son sobre todo lineales, como si estuviese dibujando o describiendo conceptos o ideas en el espacio, con hierro pintado de negro,
que es el material y acabado que más utilizo. Me gusta que mis piezas estén colgadas, como flotando o apoyadas en una pared blanca. Algunas de estas
líneas son delgadas y otras como grueso trazos como de brocha. A veces el resultado asemeja unos arabescos imposibles o caligrafías orientales sin sentido que van cambiando de forma según se va uno desplazando a su alrededor.
Me gusta provocar el efecto de piezas ingrávidas que las aleja de la materialidad y las convierte casi en conceptos. Pero lo que mejor describe esta
colección de trabajos es la búsqueda de la sencillez y la elegancia.
La geometría y la naturaleza se combinan para brindar formas que reinterpreto sin complejos. Pretendo representar la estructura o andamiaje subyacente de las cosas, que es, a la larga, lo que perdura.
Diego Canogar, 29 de diciembre 2011.
